En una análisis profundo sobre la realidad económica que atraviesa el sector, Pedro Gordillo, responsable del Grupo Arbumasa, advirtió que la industria pesquera nacional se encuentra en un punto de quiebre. Según el directivo, la combinación de precios internacionales fijos, una carga impositiva asfixiante y convenios laborales desactualizados han roto la ecuación de rentabilidad, dejando a las empresas que cumplen con todas las normas en una situación de extrema vulnerabilidad.
«No es una cuestión de opiniones, es una realidad objetiva. El mundo cambió, la actividad cambió y Argentina no se aggiornó. Nos estamos quedando afuera», sentenció Gordillo, quien destaca que la sostenibilidad del sector hoy depende de un acuerdo urgente entre el Gobierno, los gremios y el empresariado.
Una torta mal repartida
Para el referente de Arbumasa, el diagnóstico es matemático: el negocio está «roto» por la forma en que se distribuyen los ingresos generados. Según sus cálculos, actualmente la estructura de ingresos se reparte en un 45% para el Estado (vía impuestos y retenciones), un 50% para el sector trabajador y apenas un 5% para el empresario, quien debe asumir todos los riesgos operativos y de inversión.
“No es lógico que el Gobierno se lleve el 45% de una actividad. En ningún lugar del mundo pasa. El negocio no soporta esta presión; no es que el empresario no quiera pagar mejores sueldos, es que el precio del pescado lo pone el mercado mundial y de ahí para atrás la cuenta no cierra”, explicó.
La informalidad como refugio ante la crisis
Gordillo fue tajante al referirse a la competencia desleal y las denominadas «cuevas»: sostuvo que la falta de una legislación acorde a la dinámica de la pesca (que es mayormente zafrera) empuja a la actividad hacia la informalidad.
«Hoy el negocio de la pesca solo se puede mantener en el no cumplimiento de las normas. Si lo querés hacer bien, es inviable. Necesitamos normas que permitan tomar empleo acorde a la zafra; si el Gobierno y los sindicatos aceptaran contratos flexibles para momentos específicos, las cuevas se acabarían», enfatizó.
El desafío del valor agregado
Desde Arbumasa recordaron experiencias previas de procesamiento de langostino en tierra que resultaron exitosas en lo productivo, pero imposibles de sostener en el tiempo por la rigidez laboral. Gordillo señaló que, aunque existe la voluntad de generar empleo y dar valor agregado, la cadena de costos (laborales, sindicales e impositivos) lo vuelve prohibitivo.
En ese sentido, analizó la situación de las diferentes flotas:
Flota Fresquera: «Está agonizando. Tuvimos barcos parados cuatro meses porque los números daban pérdida. Recién ahora estamos probando salir con acuerdos muy ajustados con los gremios».
Caladero y Especies: Mientras que el calamar puede soportar procesar en tierra —aunque se gane menos—, en el pescado blanco y el langostino la situación es crítica. «El valor del pescado blanco está fijo hace dos años y los costos se fueron a la estratósfera».
El camino hacia la recuperación
Para el responsable de Arbumasa, la Reforma Laboral es un avance («es mejor que nada»), pero advierte que por sí sola no generará empleo si no hay una reactivación económica real.
La solución, según Gordillo, requiere que las tres patas del sector cedan: «El fisco tiene que entender que debe recaudar menos para que la actividad no se apague; los gremios deben aceptar convenios actualizados a los precios de hoy; y las empresas deben tener la seguridad jurídica para invertir sin riesgo de juicios que las fundan».