La pesquería del calamar gigante, o pota, representa la actividad extractiva más relevante del Perú en términos de exportaciones, empleo y volumen de descarga. Sin embargo, al ser un recurso compartido en el Pacífico Sur, su sostenibilidad depende de las decisiones tomadas en la Comisión de la Organización Regional de Ordenamiento Pesquero del Pacífico Sur (OROP-PS), que recientemente concluyó su 14ª Reunión Anual en Panamá.
Un respiro para la flota artesanal
El dato más alentador para el sector nacional es que «el principal resultado relevante para la pesca artesanal peruana es la ampliación del plazo para inscribirse y pescar en el ámbito de la OROP PS (aguas internacionales) sin necesidad de contar con el registro en la Organización Marítima Internacional (OMI) hasta el 1 de enero de 2028».
Este número OMI funciona como un DNI vitalicio para las embarcaciones, garantizando su trazabilidad. Con esta prórroga, los pescadores peruanos podrán seguir operando fuera de las 200 millas siempre que mantengan activo su sistema de seguimiento satelital (SISESAT) y regularicen su registro OMI según las futuras disposiciones de PRODUCE.
El freno al manejo precautorio
A pesar de este alivio administrativo, el balance global deja deudas pendientes. Durante el encuentro se discutieron medidas para reducir el esfuerzo pesquero —especialmente de la flota china— y establecer zonas de amortiguamiento cerca de las zonas económicas exclusivas (ZEE). Sin embargo, los avances fueron limitados.
En cuanto a la reducción de buques autorizados, se pactó un recorte moderado del 15%. No obstante, expertos advierten que esto puede ser una medida cosmética, ya que no se fijaron límites de captura totales ni se controló el esfuerzo real en días de pesca. Esto preocupa al sector, dado que «la simple reducción de flota, sin límites de captura ni control efectivo del esfuerzo real, puede generar una falsa sensación de progreso», omitiendo el riesgo de colapso de un stock sensible a los cambios ambientales.
Propuestas rechazadas y desafíos pendientes
La delegación peruana también vio cómo naufragaban propuestas clave, como la creación de una zona de amortiguamiento más allá de las ZEE para ser respetada por flotas extranjeras, y medidas para combatir abusos laborales en barcos de larga distancia.
En conclusión, aunque hubo resultados positivos, estos siguen siendo insuficientes. El Perú enfrenta ahora el reto de liderar una posición internacional más firme, que impulse una cuota de captura global precautoria y proteja los intereses socioeconómicos de las comunidades que dependen de la pota.