Con capturas que superan las 30 toneladas diarias, la flota potera regresa a los muelles marplatenses. Sin embargo, la abundancia del recurso deja al descubierto una «ficción administrativa»: el calamar llega con talla óptima, pero no se procesa en las plantas locales por falta de fiscalización.
El regreso de la centralidad portuaria
La temporada 2026 está reordenando el mapa del Atlántico Sur. Las densas concentraciones del recurso al sur del paralelo 44°S han devuelto a Mar del Plata su «gravitación como puerto de referencia». Entre hoy y mañana se espera el arribo de seis buques poteros, un movimiento que genera un alivio inmediato y una «explosión de trabajo» en remolcadores, estiba, alistamiento y servicios auxiliares.
El puerto vuelve a respirar al ritmo de una zafra que ya se perfila como la más importante de los últimos años, con un impacto directo en el empleo de las terminales.
La «coartada» de las tallas y el fracaso del control
A pesar del movimiento en los muelles, la bonanza expone la crisis en el procesamiento industrial. Durante años, las empresas justificaron la falta de manufactura en tierra alegando que los ejemplares eran demasiado pequeños (SS y SSS). Hoy, esa «coartada se derrumba»: el calamar actual posee un porte y calidad que eliminan cualquier excusa técnica para no procesarlo en planta.
La nota denuncia una situación crítica:
Ficción administrativa: Lo que se declara en los expedientes de los permisos de pesca no coincide con la realidad de las plantas.
Omisión oficial: El organismo de control y fiscalización actúa con una «llamativa indiferencia», permitiendo que las anomalías encuentren cobertura por inacción.
Impacto laboral: Esta falta de control se traduce en un perjuicio directo para la mano de obra industrial, que ve en los papeles un trabajo que en la realidad no existe.
Una zafra récord bajo sospecha institucional
Mientras la sorpresa marca el pulso de la campaña en el mar, con rendimientos excepcionales, en tierra queda a la vista un sistema donde «la omisión ya es parte constitutiva del negocio». La superabundancia del recurso debería intensificar la fiscalización para que la riqueza se traslade a los trabajadores; sin embargo, ocurre lo contrario.
Mar del Plata recupera su vuelo como receptor logístico de la flota, pero sigue atrapada en una disputa profunda: la de la actividad real frente a los «relatos que la encubren». Lo que está en juego en esta temporada 2026 no es solo el volumen de capturas, sino la honestidad institucional con la que esa riqueza atraviesa las plantas procesadoras.