La operatividad de la flota congeladora de langostino se encuentra actualmente en un punto muerto. A pesar de las gestiones administrativas para habilitar la pesca en el sector norte, las cámaras empresarias han sido tajantes: ningún buque zarpará hasta que no se logre un acuerdo salarial definitivo con el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU).
El factor administrativo frente a la realidad operativa
Aunque recientemente trascendió la posibilidad de que el Consejo Federal Pesquero autorice las capturas de langostino a partir del 15 de abril, esta medida no garantiza el inicio de la actividad. El sector privado sostiene que una autorización formal es insuficiente si no se destraba el conflicto de fondo vinculado a los costos de producción.
En este contexto, según lo reportado por el portal informativo LA17, la negociación se mantiene estancada principalmente por la discrepancia en los valores de producción liquidados a bordo de los tangoneros. Mientras las empresas proponen un esquema variable ajustado a los precios internacionales del recurso, el gremio busca alternativas que protejan el poder adquisitivo frente al tipo de cambio.
Plazos judiciales y presión del sector
El factor tiempo añade una presión extra a la mesa de diálogo. La actual dirigencia del SOMU cuenta con una prórroga de mandato judicial que expira el 9 de mayo. Esta fecha se percibe como el límite estratégico para alcanzar un consenso que otorgue previsibilidad a la temporada 2026.
Eduardo Boiero, titular de CAPECA, subrayó la importancia de cerrar un trato integral con la conducción gremial antes de que venza este plazo. Por su parte, desde el sindicato, Juan Navarro ha manifestado que, aunque existen acercamientos, todavía es necesario que ambas partes cedan en sus pretensiones para llegar a un punto de equilibrio.
Viabilidad económica y clima social
La crisis de rentabilidad del año pasado sigue pesando en la memoria del sector. Con el incremento sostenido de insumos críticos como el combustible y la incertidumbre sobre las reformas laborales vigentes, las empresas argumentan que la pesca no es sustentable bajo el esquema de costos actual.
Mientras las cámaras y el sindicato buscan una salida, la inquietud crece entre los trabajadores marítimos. La demora en el inicio de la zafra impacta directamente en los ingresos de las tripulaciones, quienes comienzan a ejercer presión para que se formalice un acuerdo que permita, finalmente, encender los motores de la flota.