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El «costo argentino» en dólares: Por qué la baja de la inflación está paralizando las inversiones en los muelles

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La economía argentina ha ingresado en una fase de tensión que ya es palpable en sus sectores exportadores. En lo que va del año, la pérdida de competitividad en moneda dura ronda el 8%, una cifra que altera drásticamente los márgenes industriales. Mientras el mundo demanda alimentos con mayor proceso, la estructura de costos local empuja a la Argentina en la dirección opuesta: hacia la primarización

El castigo al valor agregado

La ecuación es matemática y cruel: cada escalón de transformación industrial (mano de obra, energía, logística, frío) suma costos en dólares que hoy el mercado internacional no convalida. El resultado es que «la materia prima conserva salida, pero pierde viabilidad comercial cuando debe pasar por planta». No se trata de bajar salarios, sino de generar un entorno que permita pasar de exportar «a granel» a vender alimentos finales con alto valor agregado, cuidando así el recurso y reduciendo la presión extractiva.

En la pesca, el manufacturado es el eslabón más expuesto. Con costos que suben más rápido que los precios de venta, «la exportación con valor agregado empieza a perder terreno frente a formatos más primarios». Hoy, para muchas empresas, es más rentable vender en el mercado interno que enfrentar la competencia global con un peso apreciado.

El muelle como termómetro del parate

Donde este fenómeno golpea con más fuerza es en la industria naval. Aquí no solo se pierde una venta, se interrumpe una red de astilleros, talleres y proveedores de tecnología. Cuando los márgenes del armador se comprimen, la señal llega directo al muelle: se postergan reparaciones, se estiran las carenas y se congelan los proyectos de renovación de flota.

«La industria naval deja entonces de discutir expansión y pasa a discutir supervivencia operativa». Cada barco que no se construye o no se repara representa menos horas de ingeniería, soldadura, electricidad y electrónica. Es industria en estado puro que se detiene.

Un riesgo para el empleo calificado

La industria naval y el procesado de pescado están unidos por la misma lógica. Si la planta no tiene renta, el armador no invierte; y si el armador no invierte, el astillero no tiene órdenes de trabajo. La pérdida de competitividad en dólares castiga a las actividades que más oficios movilizan y más transformación demandan.

El desafío para la gestión pública es claro: la estabilidad macroeconómica es necesaria, pero si el diseño operativo encarece la producción industrial en dólares, el costo final lo pagan los eslabones que más valor y trabajo agregan en origen.