Chubut Pesca

Día Mundial del Pescador: Tradición, identidad y el desafío de la pesca artesanal en Chubut

single-image

El Día Mundial del Pescador, que se celebra cada 26 de enero, tiene su origen en la tradición cristiana ligada a San José, considerado patrono de los pescadores. Más allá de su significado simbólico, la fecha invita a reflexionar sobre una actividad profundamente arraigada en la identidad de ciudades como Puerto Madryn y Rawson y su importancia social, cultural y económica.

En Chubut, la pesca artesanal sigue siendo un pilar para decenas de familias que desarrollan la actividad principalmente en la Península Valdés, el Golfo San José y zonas costeras cercanas, donde el trabajo se transmite de generación en generación.

El rol de las mujeres en la pesca artesanal

Desde una mirada histórica y social, la investigadora Paula Ibarrola, becaria del CENPAT y de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (sede Trelew), viene trabajando en el relevamiento del rol de las mujeres dentro de la pesca artesanal, un aspecto históricamente invisibilizado.

“Generalmente es una actividad familiar: muchas mujeres son hijas, hermanas o crecieron vinculadas a la pesca desde pequeñas”, explicó. Su trabajo se desarrolla junto a su codirectora, Ana Cinti, en el marco de un equipo que desde hace décadas acompaña a pescadores y pescadoras artesanales de la región.

A partir de entrevistas y censos, Ibarrola identificó a mujeres que se desempeñan como recolectoras costeras, principalmente en zonas como Riacho San José, Playa Larralde y San José, así como buzas marisqueras que forman parte de familias tradicionales del sector y se sumergen para la recolección de mariscos.

Uno de los principales problemas detectados es el acceso a los permisos de pesca, un requisito clave que otorga visibilidad y reconocimiento formal ante el Estado y otros actores. “Es muy difícil acceder a los permisos y eso condiciona la continuidad de la actividad”, señaló.

Conciencia ambiental y cuidado del recurso

Otro aspecto central que surge de los relevamientos es la fuerte conciencia ambiental de quienes integran la pesca artesanal. “Son los primeros en cuidar el Golfo San José y las playas. Tienen muy claro que si el recurso desaparece, también desaparece la actividad”, destacó Ibarrola.

Esta mirada sobre el cuidado del ambiente no es reciente, sino que forma parte de prácticas sostenidas desde hace décadas, tanto en la pesca de red de costa como en la marisquería por buceo, donde el equilibrio entre producción y conservación es esencial.

Actualmente, se estima que unas 100 familias participan de la pesca artesanal en la zona, aunque el número de permisos es limitado: 21 permissionarios entre la marisquería por buceo y la pesca costera, lo que hace que la actividad se mantenga estable en el tiempo y concentrada en los mismos grupos familiares.

El arte de las redes
La pesca no sería posible sin los artes de pesca, un oficio tan esencial como poco visible. En ese ámbito, Luis Dante Giorgetti, referente histórico de la actividad y propietario de un taller de redes industriales, representa una tradición que atraviesa seis generaciones de su familia.

“Sin arte de pesca no hay pesca”, afirmó. En su taller se diseñan, construyen y reparan redes para distintas especies como merluza, calamar y pesca pelágica y de fondo. Aunque los materiales evolucionaron, el trabajo sigue siendo totalmente artesanal.