Tras nueve días de marea, el fresquero de altura descargó en Mar del Plata un lote de calidad.
Y talla excepcional y volvió a poner en primer plano la disponibilidad de la especie con un mercado demandado y con buenos precios internacionales.
Marea
De acuerdo con Pescare. Luego de una marea de nueve días, el BP Anita regresó con una postal que la cadena pesquera sabe leer de inmediato.
Aun cuando el despacho a pesca declarado continúa siendo la merluza, el atractivo por captura de calamar frente a mejor demanda, precio y disponibilidad hace que sea la especie más elegida.
La explicación no es compleja, aunque sí reveladora de cómo se ordenan las decisiones en el mar cuando los números y el recurso se alinean.
La demanda, la mejora radical del valor total de bodega y la disponibilidad de calamar en talla S.
Y algunos ejemplares M empujaron a buena parte de la flota a orientar su búsqueda hacia las zonas linderas, al Este de la ZVPJM, entre los paralelos 44°S y 46°S.
No es una novedad inesperada.
No es una novedad inesperada. Días atrás ya se había advertido el patrón.
Buques de gran porte, en su mayoría congeladores, y también fresqueros de altura, se posicionaron al Este y por fuera de la zona de veda, ubicándose con precisión en un espacio muy particular del Atlántico Sur.
Allí se abre un “hueco” operativo entre la flota potera nacional y la que trabaja fuera de la milla 200.
Ese corredor, por rebalse, suele ofrecer una oportunidad que los capitanes conocen de memoria.
El calamar se desplaza con destino noreste y, cuando “rebalsa” por fuera de la zona vedada, queda al alcance de quienes saben leer la escena y sostener el esfuerzo. En esta oportunidad, el Anita lo aprovechó.
Confirmación llegó en tierra
La confirmación llegó en tierra, sin necesidad de discursos. Ayer por la tarde, en el muelle, quienes frecuentan las descargas lo señalaron con la naturalidad de los oficios.
Entre ellos, el mítico Sergio Boggon y el propio «Santy» Celestino mostraban la mercadería con una frase que en el ambiente funciona como sentencia, “calamar vivo, sacale una foto porque no se si vas a ver otro igual por aca…”.
Brillo en los ojos, piel entera, textura firme, talla destacada. En cada cajón, la evidencia de una frescura que no se improvisa.
Y no se improvisa porque detrás de esa imagen hay método.
La calidad final no depende de un golpe de suerte, sino de una suma de factores que, cuando se encadenan, entregan un producto superior.
Decisiones empresarias, know how, un trabajo de puente y máquinas a la altura, y sobre todo un equipo de tripulantes y marineros de planta con disciplina de proceso y trabajo en equipo.
Anita
En el caso del Anita, ese estándar se sostiene con un detalle que en muelle pesa tanto como la captura.
Hielo en cantidad y calidad, una bodega diseñada para cuidar el producto y un frío “supremo” que preserva lo que el mar entrega y la tripulación busca. El resultado llega a la descarga sin atajos y se ve, cajón por cajón.
Lo ocurrido en Mar del Plata también funciona como señal de temporada.
Es una muestra en vivo de la talla y la calidad del calamar que vienen capturando los poteros desde el 2 de enero, con volúmenes representativos.
Si el pulso se mantiene, los primeros poteros completos comenzarán a arribar antes del próximo fin de semana a Puerto Madryn y Puerto Deseado para concretar las primeras descargas de la temporada de calamar 2026.
Por ahora, el inicio muestra un trazo nítido. Recurso disponible, estrategia de posicionamiento confirmada y un arranque que, al menos en este tramo, se presenta de la mejor manera.