Flota Artesanal Flota Pesquera Pesca

El desafío de ordenar la pesca artesanal en Península Valdés

single-image

Península Valdés. Tras ocho años sin relevamientos sistemáticos en 2024 confirmaron una baja abundancia en el Golfo San José. Se suman la alta dependencia económica de las familias pescadoras, la informalidad laboral y debilidades en el control y el manejo.

La pesca artesanal durante décadas fue mucho más que una actividad productiva en la Península de Valdés; es para muchos una forma de vida, un sostén económico para decenas de familias y un elemento de la identidad costera chubutense. En ese entramado complejo entre naturaleza, trabajo y Estado, la ciencia cumple un rol que, en el último tiempo, volvió a tomar protagonismo.

Especialistas de la Red de Trabajo en Pesquerías y Ecosistemas Costeros del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos, junto al Observatorio del Sistema Pesquero Argentino, trabajan desde hace años codo a codo con pescadores artesanales, autoridades y técnicos, aportando conocimiento para comprender y manejar mejor las pesquerías costeras en este sector de la costa patagónica.

Ana Cinti es investigadora del CONICET e integra el amplio grupo de investigadores y becarios que componen el CESIMAR. Su labor se inscribe en una larga tradición de trabajo científico en la región, construido a lo largo de varias generaciones de pescadores e investigadores. “Acá se viene trabajando hace décadas, no solo desde lo biológico o ecológico, sino también en el manejo conjunto con los actores del territorio”, explica.

Un nuevo enfoque

Tradicionalmente, los estudios sobre pesca artesanal estuvieron centrados en aspectos biológicos, pesqueros y ecológicos, como la abundancia de recursos, la regulación de capturas y la evaluación de bancos marinos. Sin embargo, durante 2024 el equipo del CENPAT incorporó un enfoque diferente y complementario: un estudio social y económico enfocado en las familias que viven de la actividad.

“El foco estuvo puesto en cómo viven los pescadores, cuáles son sus condiciones de vida, de qué dependen sus ingresos y cómo perciben ellos mismos el manejo de la actividad”, señala Cinti a REVISTA PUERTO. El trabajo se realizó mediante encuestas, metodología habitual en la investigación social, y se extendió a lo largo de prácticamente todo el año. A esos datos se sumó el análisis de estadísticas de ingreso de mariscos a una de las principales plantas que reciben producción artesanal en la zona.

Los resultados fueron presentados a fines de ese año en una devolución directa a los pescadores, una instancia que sirvió para validar la información y tratar de fortalecer el diálogo entre ciencia y sector productivo. De ese proceso surgió un informe técnico que permitió dimensionar con mayor precisión el peso de la pesca artesanal en la economía familiar. En muchos hogares de Puerto Madryn y Península Valdés, entre el 50% y el 70% de los ingresos provienen directamente de la pesca artesanal.

Diversificación y estrategias de subsistencia

El estudio también mostró la diversidad de estrategias que despliegan los pescadores artesanales para sostenerse económicamente. Muchos alternan distintas modalidades de pesca; marisquería por buceo, pesca de costa mediante redes de cerco, recolección costera a pie, conocida como pulpeo, y otras actividades complementarias.

En los últimos años, algunos pescadores lograron además diversificar hacia emprendimientos gastronómicos. “Hay quienes no solo venden lo que capturan, sino que armaron food trucks, pequeños restaurantes o emprendimientos más grandes vinculados al producto pesquero”, explica la investigadora. Esa diversificación aparece como una estrategia ante la variabilidad de los recursos y la inestabilidad de las temporadas.

La vuelta de los relevamientos de vieira

En paralelo al estudio social, 2025 marcó un hecho muy relevante para la pesca artesanal de Península Valdés y es la reanudación de los relevamientos de vieira tehuelche en el Golfo San José, interrumpidos desde 2017. Estos estudios, financiados por la Secretaría de Pesca y realizados en conjunto con pescadores y científicos, permiten estimar cuánta vieira hay disponible y en qué condiciones.

“El relevamiento se hace mediante transectas subacuáticas. Se bucea, se cuenta y se registra de manera sistemática”, detalla Cinti. Los pescadores participan activamente del diseño y la ejecución del trabajo, aportando conocimiento directo del mar. Los resultados no fueron alentadores: la abundancia de vieira fue muy baja, con apenas algunos bancos aislados que no alcanzan para sostener una pesquería activa.

Históricamente, la mayor concentración de este bivalvo se daba en la costa norte del golfo San José, zonas como Bengoa, San Román o La Baliza, debido a condiciones oceanográficas particulares. Aun allí, la situación actual es crítica. “La temporada pasada fue mala, y eso ya lo sabían porque están en el agua todo el tiempo”, afirma.

La escasez de vieira no puede explicarse por una sola causa. De acuerdo a lo indicado por Cinti, se trata de una especie con una dinámica muy variable, fuertemente influenciada por factores ambientales como la temperatura, las corrientes marinas y el éxito del reclutamiento larval. “Hay años muy buenos, años muy malos y años intermedios. Eso es parte de la ecología del recurso”, aclara.

No obstante, a ese componente ambiental se suma el manejo pesquero. Los propios pescadores reconocen que en años anteriores hubo capturas intensas y controles deficientes. “Si a un año malo se le suma un mal manejo, la situación empeora; y si viene un año bueno, no se aprovecha de manera sustentable”, resume la investigadora.

Tras la presentación de los resultados del relevamiento, la Secretaría de Pesca convocó a permisionarios y tripulaciones para discutir posibles medidas. De ese intercambio surgió la designación de un “veedor”, un pescador experimentado y legitimado por el propio sector, encargado de colaborar en el control de las capturas en playa.

La figura, de carácter ad honorem, fue impulsada por los mismos pescadores ante las limitaciones del Estado para garantizar controles efectivos por falta de recursos, personal y vehículos. No es fácil que un pescador controle a otros pescadores, pero fue un paso importante. “Algo que se había planteado otras veces y nunca se había concretado”, explica Cinti.

Además, se acordó reforzar los controles durante el verano, período de veda reproductiva de la vieira. Aun así, las tensiones siguen y el desafío del control es uno de los puntos más débiles del sistema.

Informalidad

Otro de los ejes centrales del estudio social fue el alto nivel de informalidad en la pesca artesanal. En diciembre de 2024, el equipo del CENPAT organizó un taller y mesa redonda para abordar esta problemática, en el marco de las XII Jornadas Nacionales de Ciencias del Mar realizadas en diciembre pasado.

Participaron representantes de Prefectura Naval, SENASA, Secretaría de Pesca, Parques Nacionales y la Agencia de Recaudación de Chubut. Allí se discutieron las múltiples barreras para la formalización. Desde habilitaciones, permisos, requisitos sanitarios, facturación, inscripción impositiva y declaraciones juradas.

“Los permisionarios suelen estar más formalizados porque se les exige cumplir con todo, pero la tripulación, buzos y marineros, en general trabaja en la informalidad”, explica la profesional del CESIMAR. El régimen de trabajo se basa en acuerdos de reparto de ganancias, no en contratos laborales tradicionales, lo que deja a muchos trabajadores fuera de los sistemas formales.

Del taller surgieron propuestas concretas para simplificar trámites y facilitar la regularización, que ahora se están sistematizando en un nuevo informe para devolver a los participantes.

Mirada regional

Si bien el equipo del CENPAT ha participado en relevamientos a escala nacional, como el libro “Caminando las costas del país”, sobre pesca artesanal en Argentina, el trabajo más cercano y sostenido se concentra en Chubut y Península Valdés. En otras provincias, como Río Negro y el Golfo San Matías, existen equipos locales que abordan problemáticas específicas.

El caso de Península muestra con claridad los desafíos de la pesca artesanal en áreas protegidas: la necesidad de articular ciencia, conocimiento local, políticas públicas y control efectivo, en un contexto de alta variabilidad ambiental y fuerte dependencia económica de los recursos naturales.

“Que se haya retomado el relevamiento, que se haya generado discusión interna entre los pescadores y que se empiecen a ensayar nuevas formas de manejo es algo positivo”, concluye Ana Cinti. El futuro de la pesca artesanal dependerá, en gran medida, de sostener y profundizar ese diálogo.