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El Gobierno de Malvinas pone bajo la lupa la «residencia habitual» de los directores en el régimen ITQ-B

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El escenario pesquero en las Islas Malvinas se encuentra ante una revisión de fondo que podría reconfigurar el mapa de poder del sector. El Ejecutivo insular ha reabierto la discusión sobre uno de los pilares del régimen de cuotas ITQ-B: la residencia efectiva de quienes lideran y controlan las compañías. Lo que se presenta como un ajuste técnico sobre la «residencia habitual» es, en realidad, un examen sobre quién ejerce el comando real del recurso y desde dónde se toman las decisiones corporativas.

El pasado 12 de marzo, ante el Comité de Pesca, se presentó un documento que propone debatir si la normativa actual requiere precisiones adicionales o una reforma legal directa. La Directora Ejecutiva, Andrea Clausen, reconoció que la guía vigente presenta complejidades en su aplicación práctica y lanzó una advertencia que elevó la tensión en el sector: “si la orientación actual deja de alcanzar, el siguiente paso podría ser legislar”.

El desafío del arraigo en una industria global

El sistema ITQ-B fue diseñado para garantizar que la titularidad de las cuotas conserve un anclaje local real, evitando la «propiedad ausente». Actualmente, se exige que directores y accionistas residan habitualmente en las islas (un umbral de 183 días anuales), pero la operatividad moderna, que exige viajes de negocios y presencia internacional, ha puesto este criterio en crisis.

Desde el ámbito político, el legislador Roger Spink reafirmó la postura oficial al señalar que “la industria pesquera debe permanecer en manos de personas que viven y trabajan en las islas”. Bajo esta lógica, cualquier flexibilización excesiva podría vaciar de contenido el sentido del régimen, permitiendo que el control efectivo termine orbitando fuera del territorio, una situación que guardaría similitudes con esquemas de capitales extranjeros que operan bajo otras banderas.

Alerta para los intereses de Galicia

Para las empresas gallegas que operan mediante joint ventures, este debate no es menor. El ITQ-B es, en esencia, una “cuota transferible bajo vigilancia reforzada sobre control, decisión y captura de valor económico”. A diferencia del antiguo régimen ITQ-A, este esquema exige que la empresa operadora esté bajo control local (al menos un 51%) y que la sede principal refleje una participación real de sus socios residentes.

La industria aboga por una solución interpretativa, temiendo que una ley rígida se convierta en un corsé para una actividad que requiere movilidad global. Sin embargo, para el Gobierno, la residencia ha dejado de ser un dato administrativo para convertirse en una herramienta de poder para asegurar que el beneficio del recurso permanezca en el archipiélago.

El comité recibirá comentarios hasta el 3 de abril. Por ahora, el expediente permanece en fase de análisis, pero la señal es clara: en Malvinas, el domicilio formal y el control real del negocio pesquero han vuelto al centro del tablero regulatorio.