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El pescado por las nubes: La merluza sube hasta 10 veces su valor desde el muelle al mostrador

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A pesar del aumento en la demanda por la tradición religiosa, la industria marplatense advierte que la brecha de precios entre el muelle y la pescadería, sumada a los costos energéticos, hace inviable la actividad.

Con la llegada de la Semana Santa, el pescado recupera su protagonismo en la mesa de los argentinos. Sin embargo, en Mar del Plata, el principal puerto del país, el escenario está fracturado por dos realidades opuestas: una demanda activa en el mostrador y una «inviabilidad económica de la actividad primaria extractiva» que mantiene los barcos amarrados.

Precios distorsionados y consumo medido

Aunque la merluza y el calamar lideran las ventas, el comportamiento del consumidor ha mutado. Las compras son más medidas y priorizan las opciones económicas. La preocupación central es el nivel de precios: el kilo de merluza, que en el muelle tiene un valor firme, llega a los $18.000 en las pescaderías.

Esta diferencia implica que el precio se multiplica exponencialmente a lo largo de la cadena, reflejando una «fuerte distorsión» que no beneficia al pescador. Según informes, el valor en góndola puede ser hasta 10 veces superior al valor en muelle, sin que esa rentabilidad llegue a quienes capturan el recurso.

El muelle al límite: «Nos fundimos todos»

La presión impositiva, el costo de la energía y la mano de obra han generado un esquema donde «el precio final al consumidor terminó ordenando en sentido inverso toda la cadena de valor». El resultado es la parálisis de embarcaciones y la crisis en las plantas procesadoras legales.

El testimonio de un histórico capitán de la «banquina chica» resume el sentimiento de impotencia en el puerto: “Así como está esto, nos fundimos todos; peor de lo que ya veníamos. Con lo que traigo en bodega apenas alcanzo a cubrir el gasoil. ¿A dónde fuimos a parar?”. Con décadas de esfuerzo físico a cuestas, el pescador sentencia: “¿Para qué trabajamos, entonces, si ya ni siquiera alcanza para llevar algo a casa y sostener a la familia?”.

Un futuro incierto

Si bien la Semana Santa genera un alivio momentáneo, el sector coincide en que este repunte no revierte la baja estructural. La «restricción del poder adquisitivo» fijó un límite: el consumidor ya no puede pagar un precio que sostenga la rentabilidad de la flota.

Hoy, la distorsión es tan grave que el primer eslabón de la captura está «al borde de la parálisis o de la quiebra». Sin rentabilidad, esta festividad religiosa podría ser, lamentablemente, la última zarpada para muchos actores de la industria.