Merluza

Río negro ya lleva 3 años consecutivo la emergencia pesquera

single-image

La crisis que atraviesa el sector pesquero en la provincia patagónica es tal que en la actualidad hay solamente un barco industrial pescando en el Golfo San Matías. La pesca artesanal está diezmada y la mayoría optó por dedicarse a otras actividades. Siguen cerrando plantas de procesamiento ante la inviabilidad del negocio.

En mayo de 2023 se decretó por primera vez la “Emergencia Pesquera” en la provincia de Río Negro ante el colapso de los recursos pesqueros dentro del caladero del Golfo San Matías. En 2024 se prorrogó la medida en virtud que no se mejoró sustancialmente el estado de la biomasa de merluza hubbsi, y el recupero demandaría años, si se adoptan adecuadas políticas de manejo.

La situación es crítica en el sector al punto que en la actualidad hay solamente un barco industrial operando dentro del golfo, y la flota artesanal quedó al límite de la subsistencia, donde un gran número de permisionarios optaron por embarcarse en otras flotas o se reconvirtieron en otras actividades.

Dentro del caladero provincial no hay disponibilidad de merluza en tallas comerciales, y la presencia de langostino ha sido escasa, lo que hace inviable el desarrollo y sostenimiento de proyectos productivos en el tiempo.

La gravedad del problema se traduce en la paulatina pérdida de puestos de empleo en tierra, con el cierre de gran parte de la capacidad instalada de plantas de procesamiento en San Antonio Oeste. La más reciente fue el cierre de la empresa Río Salado con el despido de un centenar de trabajadores.

Desde la Subsecretaría de Pesca de Río Negro se incentivó a ese grupo de obreros desocupados a que se constituyan en una cooperativa y se autogestionen, pero no prosperó, básicamente porque no hay garantía de abastecimiento de materia prima en forma regular, y con la estructura de costos que tiene toda la pesca argentina, filetear o cortar merluza sin tener un esquema comercial aceitado es una aventura sin el más mínimo respaldo.

La pesca no forma parte de la agenda de prioridades del gobierno de Alberto Weretilneck, como tampoco lo fue en la anterior gestión de Arabela Carreras; y fueron las políticas de desmanejo las que provocaron el colapso de las pesquerías dentro del Golfo San Matías.

En dos meses vence el decreto de la Emergencia Pesquera Provincial y a la luz de los acontecimientos se analiza realizar una nueva prórroga, por tercer año consecutivo, ya que el estado de los recursos continúa presentando indicadores de fragilidad de las pesquerías.

Cuando está por completarse el segundo año de emergencia no se ha observado de parte de la autoridad pesquera provincial una planificación estratégica para atender la crisis o proyectar una salida; solo se han adoptado medidas espasmódicas de bajo impacto y paliativos al sector que no han tenido efectos importantes.

El año pasado, Río Negro obtuvo de regalo del Consejo Federal Pesquero 3.500 toneladas de langostino de ‘reserva social’ para ser pescadas en aguas nacionales y desembarcadas en puertos de esa provincia como un paliativo a la emergencia y con el fin de mantener mano de obra en tierra, pero la propia incapacidad política hizo que no las utilizaran porque no consiguieron barcos interesados en explotarlas.

La situación actual es crítica. Ya casi no hay barcos industriales pescando, la flota artesanal está diezmada, sigue la sangría de perdida de empleos con sucesivos cierres de plantas de procesamiento y salida de inversores pesqueros de la provincia.