Tras quedar nuevamente afuera de los anuncios del Gobierno.
El sector pesquero insistió ante el Ministro de Economía con que la presión tributaria afecta la competitividad de una actividad netamente exportadora. Retenciones, aranceles y costos internos colocan a la Argentina en desventaja frente a sus competidores.
Agenda económica
La agenda económica del sector pesquero volvió a ocupar el centro de la escena esta semana, en un contexto donde convergen dos frentes.
Por un lado, el reclamo al Gobierno por la eliminación de retenciones y por otro, la necesidad de mejorar las condiciones de acceso a los mercados, hoy limitados por aranceles, demoras regulatorias y barreras sanitarias.
Ambas discusiones, que podrían considerarse paralelas, se cruzan en un punto decisivo.
Y es la pérdida de competitividad internacional de un sector que depende casi por completo del comercio exterior.
Presión al Gobierno
Tras el anuncio oficial de la nueva reducción de retenciones para el agro, las cámaras empresarias pesqueras volvieron a golpear la puerta del Ministerio de Economía.
Intercámaras de la Industria Pesquera Argentina presentó un nuevo escrito dirigido a Luis ‘Toto’ Caputo para insistir en la eliminación o reducción de los Derechos de Exportación (DEx) que aún pesan sobre la actividad.
Documento
El documento advierte que la presión tributaria actual es “insostenible” y agrava la pérdida de competitividad frente a un mercado internacional volátil y una estructura de costos internos que se encarece mes a mes.
Las nueve cámaras firmantes reclamaron que el Gobierno aplique a la pesca el mismo criterio que ya adoptó para cadenas del NOA y NEA, el sector vitivinícola, la economía del conocimiento o la industria energética.
Recordaron que la pesca es uno de los pocos complejos ciento por ciento exportadores que todavía mantiene retenciones.
Pese a su importancia económica y social en ciudades como Mar del Plata, Puerto Madryn, Rawson, Puerto Deseado o Ushuaia. Detallaron que la eliminación de los DEx tendría un “bajo costo fiscal” y un “alto impacto social”.
Al sostener miles de empleos directos e indirectos vinculados al estibaje, logística, industria naval, servicios portuarios y metalmecánica.
Una vez más las cámaras explicaron, a un destinatario que no necesariamente está empapado de la dinámica de la industria, que la estructura económica del sector es “particular y extremadamente sensible”.
Si se tiene en cuenta que es intensiva en mano de obra, depende casi por completo del mercado externo y opera bajo una estructura de costos “inevitablemente elevada”.
Derechos de exportación
“Los actuales Derechos de Exportación colocan a los productos pesqueros argentinos en gran desventaja, siendo un tributo inexistente en otras pesquerías del mundo”, remarcaron.
El sector destina más del 90% de su producción a la exportación, con un consumo interno mínimo de apenas 5 a 6 kilos por habitante al año. Por eso, “cualquier impuesto sobre la exportación afecta directamente la rentabilidad de la actividad”.
La competitividad en debate
Mientras la industria reclama alivio impositivo, la participación de la industria en el China Agribusiness Day, organizado por la Cámara Argentino China, dejó en evidencia que la problemática de competitividad no termina en las fronteras del país.
Sectores agroindustriales y pesqueros reflejaron que la oferta argentina es altamente complementaria con la demanda china.
Pero la inserción continúa siendo marginal por la combinación de aranceles elevados, trabas sanitarias y falta de habilitaciones ágiles.
La exposición central por parte del sector pesquero estuvo a cargo de Eduardo Boiero, presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores (CAPeCA).
Quien presentó un diagnóstico que dialoga directamente con los reclamos elevados al titular de la cartera económica.
Generadora de divisas
El referente empresarial explicó, a modo de ejemplo, que durante 2024 la pesca argentina alcanzó 818.707 toneladas capturadas y exportaciones por 1.981 millones de dólares, un crecimiento del 13,1% interanual.
Se trata de un sector atomizado, conformado por PyMEs nacionales y empresas multinacionales, pero con un elemento común: el empleo es ciento por ciento argentino y el complejo actúa como un generador neto de divisas.
Las capturas del año estuvieron dominadas por la merluza hubbsi (38%), el langostino (27%) y el calamar Illex (19%). Con estos niveles de producción, el país mantiene el puesto 21 entre los mayores exportadores pesqueros del mundo y el 13 en volumen de captura, de acuerdo con la FAO.
Un socio relevante pero subexplotado
China se consolidó como el segundo destino de exportación para la pesca argentina en 2024, con compras por 299,4 millones de dólares, equivalentes al 15,1% del total. Solo España lo supera como mercado.
Entre los productos más demandados se encuentran las colas de langostino (122,9 millones de dólares y un precio promedio de 6.948 dólares por tonelada) y el calamar Illex (118,3 millones, con un incremento del 88,8% interanual).
Además, se incorporaron dos nuevos productos: la centolla, con ventas por 21,5 millones de dólares, y la merluza negra congelada, con 11,1 millones.
Sin embargo, pese a esta relación comercial consolidada, Boiero subrayó que el potencial está lejos de haberse explotado.
Uno de los principales obstáculos es la combinación de sobrecostos entre aranceles chinos y retenciones argentinas, una ecuación que deja al país en clara desventaja frente a competidores.
Sobrecostos que asfixian la competitividad
El responsable de CAPeCA expuso comparaciones concretas.
En el caso del calamar, la carga combinada del arancel chino del 10% más las retenciones argentinas del 9% genera un sobrecosto del 19%. Competidores que operan desde la milla 201.
Flotas de aguas distantes, ingresan con menor carga tributaria o directamente sin aranceles, y con costos laborales mucho más bajos.
Para el langostino, el arancel en China volvió al 5% en 2025 tras una baja temporal al 2%, y se suma a retenciones del 6%. Mientras tanto, el vannamei ecuatoriano entra con menores barreras y costos significativamente menores.
La conclusión del dirigente fue que la competitividad argentina está erosionada por dos frentes simultáneos como los impuestos internos y los aranceles externos.
Y la superposición de ambos vuelve al sector estructuralmente más caro que sus competidores.
Barreras sanitarias y demoras que frenan exportaciones
Otro punto crítico es la falta de habilitación para que la centolla argentina pueda ingresar a China para consumo humano directo.
Hoy solo puede venderse como materia prima para reprocesamiento, lo que reduce drásticamente el valor obtenido. Chile, su principal competidor, sí cuenta con autorización para el consumo directo, lo que le permite captar un precio muy superior.
Boiero también mencionó las demoras en la aprobación de plantas y en las validaciones de posiciones arancelarias, procesos que pueden dejar a una planta semanas sin exportar.
El sector propone una solución concreta y es que China valide de manera automática lo aprobado por SENASA y revise posteriormente, para evitar bloqueos comerciales innecesarios.