El Puerto de Mar del Plata volverá a convertirse en escenario de una de las manifestaciones más genuinas de fe, identidad y memoria colectiva de la comunidad marítima. Este domingo 25 de enero se celebrará la festividad del patrono de los pescadores, en el marco de la 44ª Fiesta Nacional de los Pescadores, una tradición que atraviesa generaciones y sigue uniendo al trabajo, el mar y la historia viva del puerto.
Como cada año, la procesión náutica será el momento más simbólico de la jornada. La imagen del santo recorrerá las aguas del puerto escoltada por las emblemáticas lanchas amarillas, embarcaciones deportivas y naves de las fuerzas vivas de la ciudad, componiendo una postal que resume pertenencia, arraigo y cultura portuaria.
Las actividades comenzarán con el triduo de preparación, que se desarrollará del 22 al 24 de enero a las 18.30 en la Parroquia Sagrada Familia, con el rezo del Rosario y la celebración de la misa, en un clima de recogimiento y encuentro comunitario.
El domingo 25, a las 11, se celebrará la Solemne Misa Cantada en la parroquia ubicada en Rondeau 551, con la participación de la Schola Cantorum. Por la tarde, desde las 15.30, se realizará la concentración para dar inicio a la procesión a pie hacia la Banquina de Pescadores, que será presidida por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando.
La jornada incluirá el homenaje a los pescadores fallecidos y a los 44 tripulantes del submarino ARA San Juan, la bendición de los frutos del mar y de las artes de pesca, y culminará con la bendición final en la parroquia, en un gesto que renueva el vínculo entre fe y trabajo marítimo.
Una tradición construida en el puerto
La Fiesta Nacional de los Pescadores tiene sus raíces en la década de 1930, cuando un grupo de pescadores italianos, junto al padre Dutto —párroco de la iglesia Sagrada Familia— impulsó una celebración que reuniera a la comunidad pesquera más allá de los orígenes regionales. El objetivo fue claro: generar un espacio común de confraternidad que limara diferencias entre “paesani” y fortaleciera la identidad colectiva en un puerto marcado por la inmigración.
En ese proceso, la devoción al patrono de los pescadores fue, en cierto modo, una construcción compartida. Los inmigrantes no traían un santo único desde sus lugares de origen, sino múltiples advocaciones ligadas a sus pueblos natales. La elección de San Salvador como figura común fue una forma de amalgamar tradiciones, crear un símbolo integrador y dar sentido a una comunidad diversa que comenzaba a echar raíces definitivas en Mar del Plata.
La fiesta, desde sus inicios, trascendió nacionalidades. Italianos, españoles y argentinos encontraron en esta celebración un punto de encuentro, aunque la fuerte impronta italiana del puerto de aquellos años le otorgó un marcado tono meridional que aún hoy se percibe en sus rituales y expresiones.
A casi un siglo de su nacimiento, la Fiesta Nacional de los Pescadores sigue siendo mucho más que un evento religioso: es una reafirmación de identidad, memoria y pertenencia para quienes viven del mar y para una ciudad cuyo pulso histórico late, desde siempre, en su puerto.
Fuente: Deproa