Tras dos décadas de mejoras en el control y la gestión biológica, la pesquería industrial de merluza (Merluccius gayi) alcanzó el estándar más exigente del mundo. El reconocimiento valida la sostenibilidad del arrastre de fondo y abre las puertas de los mercados globales más competitivos.
Un proceso de mejora de 20 años
La pesquería de arrastre industrial de merluza chilena ha marcado un precedente regional al lograr el sello del Marine Stewardship Council (MSC). Este reconocimiento confirma que la actividad se desarrolla bajo tres pilares fundamentales: el mantenimiento de un stock saludable, la minimización del impacto ambiental y la existencia de un sistema de manejo eficaz y transparente.
El logro es el resultado de un trabajo sostenido desde 2007 a través del Proyecto de Mejora (PROME), en una alianza estratégica entre el Centro de Desarrollo y Pesca Sustentable (CeDePesca), la empresa PacificBlu, la Sociedad Nacional de Pesca (SONAPESCA) y las autoridades chilenas.
Desafíos superados: De la transparencia al control de capturas
El camino hacia la certificación exigió transformaciones profundas en la operativa y la fiscalización. Entre los avances más significativos destacan:
Visibilización de datos: La incorporación de la pesca no reportada en las evaluaciones de stock para una ciencia más precisa.
Fortalecimiento institucional: La consolidación del Comité de Manejo y el Comité Técnico, junto con un control más estricto por parte de SERNAPESCA.
Reducción de impacto: Avances críticos en la disminución del descarte y la captura incidental de otras especies.
Este proceso también sirvió para defender la técnica del arrastre bien gestionada frente a debates legislativos, demostrando que es una práctica que puede ser compatible con la sostenibilidad internacional.
Proyección internacional y competitividad
Desde el sector pesquero chileno señalan que este sello permitirá posicionar a la merluza en mercados premium de Europa y Estados Unidos, donde la trazabilidad y el origen sostenible son requisitos indispensables.
Este hito se suma a otros éxitos recientes en la región, como la certificación del langostino argentino, consolidando a Sudamérica como un actor relevante en la conservación de recursos marinos y la sostenibilidad de sus actividades productivas.