La actividad de algunos buques centolleros y el armado de varios poteros y congeladores de Argenova y Empesur.
Con la esperanza de un buen inicio de la temporada de calamar 2026.
Trabajadores de muelle celebran un ambiente de mayor actividad laboral que descomprime la tensión del personal de alistamiento y descargas.
Puerto Deseado
De acuerdo con Pescare. Puerto Deseado transita una coyuntura portuaria de notoria retracción.
La operatoria cotidiana muestra un puerto funcional, pero con niveles de actividad por debajo de lo habitual.
Producto de un cuadro que combina el fin de la temporada de langostino en aguas nacionales con la demora en la consolidación de la pesquería de calamar.
El resultado es directo: menos buques, menos maniobras, menos turnos, y una caída sensible en la demanda de mano de obra vinculada al muelle, la estiba y los servicios anexos.
En ese escenario, la reciente presencia de buques centolleros introdujo un hecho concreto en medio de la expectativa.
Cuatro embarcaciones —Dukat, Talismán, Tango I y Tango II— activaron durante los primeros días del año un flujo de operaciones que, aunque limitado en el tiempo, generó un impacto inmediato en el frente portuario.
El alistamiento previo a la salida operativa requirió movimientos logísticos, cargas y aprovisionamiento, y con ello volvió a ponerse en marcha la maquinaria laboral del puerto.
Tareas
Las tareas implicaron embarque de insumos, combustible y provisiones y demandaron personal de muelle, estibadores, operadores y cuadrillas de apoyo.
A la par, reactivaron el circuito terrestre asociado, camiones, proveedores y servicios locales, que dependen de la frecuencia de recaladas para sostener su facturación.
El efecto fue el de una reanimación puntual pero tangible, jornadas con trabajo real que alimentan las expectativas de los primeros ingresos de buques poteros, recién para fin de mes.
El contraste con los días previos es elocuente.
En el ámbito portuario se percibe una merma pronunciada en la continuidad de tareas, con personal sujeto a convocatorias irregulares y una cadena de servicios que funciona en modo de subsistencia.
La falta de movimiento pesquero no solo reduce el empleo directo; también erosiona la dinámica económica.
Que tradicionalmente gravita alrededor de cada marea, abastecimiento, logística, mantenimiento, transporte y servicios.
Dato relevante
La operatoria centollera aportó, además, un dato relevante desde lo productivo.
Estas unidades arribaron tras una performance favorable en la zona sur y se preparan ahora para operar en la zona central, donde las condiciones de captura suelen ser más exigentes por el comportamiento más esquivo del recurso.
Esa transición obliga a un alistamiento meticuloso, que se traduce en necesidades concretas dentro del puerto y, por extensión, en demanda laboral.
Factor determinante: Calamar
Mientras tanto, el factor determinante sigue siendo el calamar.
La flota potera aún no imprime el volumen que históricamente dinamiza el muelle en esta etapa del año, las actividades se ubican al sur del paralelo 49°S y, en Puerto Deseado, la espera se prolonga.
En el sector se señala, además, que Argenova, que utiliza este puerto como base para parte de su operatoria con poteros y algún buque congelador.
No ha registrado en los últimos días una salida sostenida de unidades a pesca, prolongando la sensación de parálisis.
Conclusión clara
Lo sucedido con los centolleros dejó una conclusión clara, en el presente estado de poca actividad, el armado de estos cuatro buques fue suficiente para modificar la rutina, reactivar turnos y generar circulación económica.
No alcanzó para revertir el cuadro general, pero sí para evidenciar, con crudeza, la dependencia del puerto respecto de la continuidad pesquera. En Puerto Deseado, hoy, cada buque cuenta.
Y cuando los pesqueros no llegan, el puerto no solo se detiene, también se enfría el trabajo, la economía y la previsibilidad de cientos de familias que viven del muelle.
Todo el sector pesquero y, principalmente el de trabajos anexos a la actividad, sabe que el puerto es el árbol motor que impulsa la mano de obra y el desarrollo de las familias que de Él dependen.
Hoy parados frente a la zafra de calamar genera expectativa y certeza que en un ambiente de trabajo, todo el mecanismo empieza a tomar otro impulso.