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Un país pesquero que no come pescado: la brecha entre producción, exportaciones y la mesa familiar

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Argentina exporta la mayor parte de lo que captura en el mar.

Mientras el consumo interno permanece estancado desde hace décadas.

La combinación de una falta de cultura culinaria, hábitos alimentarios y limitaciones logísticas explica por qué el pescado sigue siendo un producto marginal en la dieta cotidiana.

Pese a las ventajas comparativas con otros productos de la dieta cotidiana.

Desde la necesidad del consumidor, nace la transformación de materia prima en alimento directo para el consumo.

Actividad pesquera

De acuerdo con Pescare. La actividad pesquera argentina logró consolidarse como una de las economías regionales con mayor proyección internacional.

Langostino, merluza, calamar y variado costero integran un circuito exportador que abastece a mercados exigentes y genera ingresos relevantes para el país.

Sin embargo, puertas adentro, el escenario es muy distinto, el pescado ocupa un lugar secundario en el consumo de alimentos en la mesa de los argentinos.

En promedio, cada habitante ingiere poco más de 7 kilos de pescado y mariscos por año, una cifra baja incluso en comparación con países vecinos.

En buena parte de América Latina y, sobre todo, en Europa y Asia, el pescado forma parte del consumo cotidiano, con volúmenes que duplican, triplican o incluso multiplican varias veces los niveles argentinos.

Consumo bajo de pescado

Argentina exhibe uno de los consumos de pescado más bajos del mundo: alrededor de 7.1 kg/habitante/año en 2022, muy por debajo del promedio mundial (18.7 kg) y de países como Chile (14.4 kg) o Uruguay (11.8 kg), pese a ser un gran productor y exportador de especies

Uno de los factores centrales es la falta de conocimiento en materia de su elaboración. Para muchas familias, el pescado resulta más laborioso que otras proteínas disponibles, como el pollo o el cerdo.

Las largas distancias entre las zonas de captura y los principales centros de consumo, y la limitada escala del mercado interno impactan directamente en los valores finales.

La baja rotación del producto también juega en contra desde el punto de vista del negocio de la cadena vendedora, a pesar de las ventajas para la salud siendo el principal componente de una dieta sana.

Y con niveles de micronutrientes muy necesarios para todos los sistemas del ser humano, sistema nervioso, circulatorio cardíaco y sistema nervioso central y neuronal.

Patrón cultural

Más allá de sus beneficios, la alimentación argentina continúa fuertemente asociada a la carne vacuna. Ese patrón cultural, construido durante generaciones, condiciona las decisiones de consumo.

En muchos hogares, el pescado aparece de manera esporádica y no existe un conocimiento extendido sobre su preparación ni sobre sus beneficios nutricionales.

En ciudades alejadas de los puertos, la oferta suele ser limitada o irregular, lo que refuerza la percepción de que se trata de un producto poco accesible o complejo de incorporar al menú diario.

El acceso al pescado también está atravesado por el poder adquisitivo.

La economía argentina lamentablemente funcionó durante decadas como un disparador en desventaja con una dieta mas propensa al consumo de harinas y carnes de ganado vacuno por su lenta digestibilidad.

Y esa sensación de satisfaccion durante horas, en un claro desconcierto de la digestibilidad que los pescados y mariscos ofrecen como beneficio.

Afortunadamente para la salud y la actividad pesquera, las nuevas generaciones han cambiado radicalmente la percepción de dietas saludables, modificando hábitos y volcandose al consumo en otras variantes alimenticias.

Alejadas de carnes rojas y productos que a la hora de la salud inclinan favorablemente la balanza hacia lo natural y trazable.

Patrón de ingesta selectivo

Algunas variedades, como la merluza o los pescados de río, registran una presencia relativamente más extendida en distintos segmentos sociales, aunque todavía sin alcanzar volúmenes de consumo relevantes.

En términos generales, el pescado continúa vinculado a un patrón de ingesta selectivo, lejos de constituir un alimento de consumo masivo.

No obstante, la evolución de los hábitos alimentarios en la población joven comienza a introducir una inflexión previsible en la tendencia, con potencial para ampliar su incorporación sostenida en la dieta.

Mientras el consumo interno avanza lentamente, la producción creció de forma sostenida durante las últimas décadas. Hoy el país captura volúmenes que superan ampliamente la demanda local, lo que empuja naturalmente a la exportación como principal destino.

Actualmente, cerca de dos tercios del pescado argentino se comercializa en el exterior, con mercados como España, China, Estados Unidos e Italia entre los principales compradores.

Esta orientación consolidó a la pesca como un complejo exportador relevante, pero también dejó al descubierto la fragilidad del mercado interno.

La brecha entre lo que se produce y lo que efectivamente se consume plantea un desafío estructural, cómo lograr que un país con abundantes recursos marinos y una industria desarrollada pueda integrar esos alimentos de manera más equilibrada en su propia dieta.

Ventajas de una dieta de pescados y mariscos


Comer pescado en la niñez es nutricionalmente estratégico porque acompaña períodos de crecimiento y maduración neurológica. Aporta proteínas completas y micronutrientes relevantes como yodo, selenio y vitamina D (y, en algunas especies, calcio).

Su diferencial es el contenido de omega-3 de cadena larga (DHA y EPA), directamente vinculado al desarrollo del cerebro y la retina, por lo que resulta especialmente valioso en etapas de consolidación del aprendizaje, la atención y la función visual.

Además, su incorporación temprana favorece hábitos alimentarios más saludables y una mayor diversidad dietaria.

Pescados y mariscos y carnes vacuna, aviar y porcina pueden cubrir adecuadamente los requerimientos de proteína, pero difieren en el “acompañamiento” nutricional.

El punto central no es la proteína, sino el conjunto de grasas y micronutrientes que aportan.

En general, los alimentos marinos ofrecen una ventaja por su perfil lipídico, EPA y DHA se asocian a un mejor perfil cardiometabólico y no están presentes en cantidades comparables en carnes terrestres.

En micronutrientes, la carne vacuna destaca por su hierro hemo (alta biodisponibilidad) y zinc, útiles para prevenir o corregir deficiencias.

Aun así, los pescados y mariscos también contribuyen, destacándose ciertos mariscos (especialmente bivalvos) pueden aportar hierro en cantidades elevadas.

En paralelo, el grupo marino suele superar a las carnes terrestres en yodo y vitamina D, nutrientes clave para función tiroidea, inmunidad y salud ósea.

En términos de balance global, aumentar la presencia de pescado en la dieta tiende a elevar la densidad nutricional y a mejorar la calidad de las grasas consumidas.

Actividad procesadora industrial

Sin dudas, para la actividad procesadora industrial, el mayor desafío es el camino hacia la transformación de la materia prima en un alimento rico en nutrientes que llegue al consumidor para su consumo directo.

Con un modesto proceso de calentamiento en horno o microondas, reduciendo la necesidad de tiempos de elaboración y procesamiento en casa.

Los preelaborados fueron el primer paso hacia la transformación de materia prima en alimento. Cumplió su ciclo cuando se masificó la oferta. Hoy el desafío es otro.

La industrialización y transformación de la materia prima será lo próximo que dará una mayor rentabilidad para las empresas procesadoras y que impulsará el consumo a niveles superiores nunca antes vistos.

Pescar en toneladas, procesar e industrializar, transformar materia prima en alimento y vender directo a consumidor por gramos; es decir orientando el consumo hacia la simplificación y comodidad a la hora de una mesa saludable.

La rentabilidad no solo se gana aumentando precios o bajando costos; sino haciéndole la vida más fácil al consumidor, generando demanda y dependencia.

Por eso es tan importante en la industrialización un modelo laboral distinto al actual y que perfile hacia el mismo objetivo, mayor eficiencia, tecnificación y menor conflictividad de mano de obra especializada.

Pesca Chubut