LIMA. La alteración de las condiciones oceanográficas provocada por el Fenómeno El Niño pone en riesgo la estabilidad laboral y económica de la pesca en el Pacífico Sur. En este sentido, la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) estimó que las anomalías térmicas podrían afectar a 78 mil trabajadores durante 2026 y a otros 44 mil durante el período 2027. La situación genera alerta en las empresas armadoras y procesadoras de la región.
Por un lado, el impacto directo abarca tanto a los marineros embarcados como a las plantas de procesamiento en tierra. Por otro lado, la parálisis de las operaciones marítimas se traslada con rapidez hacia el transporte, los talleres navales, la estiba y el comercio minorista. Asimismo, los industriales patagónicos siguen con atención las fluctuaciones del ecosistema marino por su impacto en los mercados internacionales.
El desplome de la anchoveta y los cambios en la distribución de especies
De esta manera, la flota dedicada al consumo humano indirecto sufrió una fuerte paralización tras registrar una caída interanual del 33,15% en las capturas. Además, los desembarques de anchoveta alcanzaron apenas 470 mil toneladas antes de suspenderse las operaciones comerciales por la migración del recurso.
En este aspecto, los ejes centrales de la crisis ambiental y biológica comprenden:
- Pérdida de puestos laborales: Proyección de 120 mil empleos comprometidos entre tripulantes, choferes y estibadores.
- Desplazamiento del recurso: Migración de especies pelágicas hacia zonas más profundas o frías alejadas de la costa.
- Afectación en cadena: Reducción en la demanda de insumos, servicios portuarios, combustible y logística.
La diversificación y el consumo humano directo como estrategia regional
Por lo tanto, los referentes del sector pesquero impulsan la reconversión de la flota hacia especies alternativas como el bonito, el jurel, la caballa, la pota y el atún. Los especialistas sostienen que la adaptación exige un estricto respeto de las cuotas biológicas, tallas mínimas y vedas estipuladas por los organismos científicos.
En conclusión, la variabilidad del clima global obliga a las economías regionales a diversificar sus capturas para sostener la mano de obra. De esta forma, la cooperación científica y el manejo sustentable se consolidan como herramientas clave para mitigar las fluctuaciones en el Atlántico Sur y el Pacífico.