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Alerta roja en la flota fresquera: UDIPA advierte que la rentabilidad del sector es «terminal»

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Hubo un tiempo en que ver el muelle del Espigón 1 despejado era, por definición, una excelente noticia. Esa postal —capturada por el lente experto de Antonio Solimeno, quien conoce los muelles como pocos— no era obra de una inteligencia artificial, sino el reflejo de una realidad virtuosa. Significaba que los fresqueros estaban donde debían estar: «en pleno mar argentino, en operaciones de pesca, trabajando».

Aquel vacío no era ausencia, sino movimiento. Era la señal de una cadena de eslabones que comenzaba en las olas y se derramaba en tierra transformándose en «descarga, estiba, fileteado, hielo, gasoil, camiones y jornales». En ese entonces, el silencio del amarradero era solo una «pausa visual»; debajo latía la maquinaria de un puerto en su máximo esplendor.

Una postal idéntica, un significado opuesto

Hoy, sin embargo, la misma imagen admite una lectura mucho más sombría. El silencio ya no es sinónimo de intensidad, sino la «evidencia física de un sistema que perdió vigor». Cuando la rentabilidad se vuelve «terminal» debido a la combinación de «capturas en retroceso, costos en alza y presión fiscal creciente», el muelle vacío deja de hablar de barcos pescando para empezar a hablar de «barcos que no estarían más».

El riesgo es profundo y estructural: empresas que cierran, puestos de trabajo que se esfuman y una «espiral decadente hacia el triste final» que podría herir de muerte la economía de Mar del Plata.

La voz de alerta de UDIPA

Ante este escenario, la Unión de Intereses Pesqueros Argentinos (UDIPA) ha encendido todas las alarmas. La entidad advierte que la situación actual «compromete la continuidad operativa» de la flota fresquera.

A pesar de que los datos recientes del EMAE posicionan a la pesca con números positivos de crecimiento, desde el sector aclaran que esas cifras son engañosas. Las mediciones basadas solo en capturas brutas ignoran la «realidad heterogénea» del complejo pesquero y no reflejan la asfixia que sufren los segmentos que realmente generan valor agregado y empleo en tierra.

Los números de la asfixia

El deterioro de los márgenes para las PyMES es insostenible. Según detalló UDIPA, los costos operativos se han disparado sin tregua:

Combustible: +50%

Insumos: +18,5%

Mano de obra: +27%

Este incremento no ha sido compensado por mejores ingresos. Especialmente crítica es la situación de la flota menor, que enfrenta una «caída aproximada del 40% en las capturas», obligando a muchos armadores a considerar seriamente la «paralización de sus operaciones».

Un laberinto fiscal y logístico

Al combo de costos se suma una presión impositiva asfixiante. La persistencia de Ingresos Brutos y la nueva tasa municipal sobre el gasoil encarecen la logística hasta niveles prohibitivos. A esto se añade el desfinanciamiento provocado por las «demoras en la devolución de créditos por exportaciones», que en muchos casos se acumulan desde hace más de un año.

Frente a modelos internacionales de mayor eficiencia, la industria local advierte que es cada vez más difícil competir. El sector asegura tener los proyectos y el conocimiento para salir adelante, pero para ello es «imprescindible recuperar el diálogo con las autoridades».

Solo con reglas claras y medidas que devuelvan la «sustentabilidad económica» se podrá reactivar el único motor capaz de sostener el desarrollo de las empresas y su gente. Sin eso, el muelle vacío seguirá siendo el símbolo de un puerto que se apaga.