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Desembarques pesqueros 2026: El mapa portuario en transición ante el retroceso del sur y el repunte de Mar del Plata

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La actividad pesquera durante el primer trimestre de 2026 en Argentina está evidenciando un notable reacomodamiento en la dinámica de las descargas portuarias. Si bien el inicio del año siguió patrones habituales, los datos recientes exponen un corrimiento operativo que favorece a Mar del Plata en detrimento de los puertos patagónicos.

Este fenómeno responde, en gran medida, al comportamiento biológico y operativo de las principales pesquerías del Mar Argentino: el calamar, el langostino y la merluza.

En el caso de las dos primeras, «hay dos, calamar y langostino, cuya dinámica biológica y operativa sigue el desplazamiento del recurso en busca de mejores condiciones ambientales y de alimentación, en un recorrido que, en términos generales, se proyecta del sudoeste al nordeste». Este desplazamiento ordena el mapa de descargas, beneficiando inicialmente a puertos del sur como Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia y Camarones; luego a Rawson y Puerto Madryn; y finalmente a Mar del Plata como punto de recepción decisivo.

Por el contrario, la merluza mantiene una relación estructural más estable con Mar del Plata, consolidado históricamente como «puerto base de la flota, centro de la industria extractiva y núcleo procesador-exportador». Sin embargo, cuando las zonas de captura migran, «el volumen comienza a concentrarse en el sur, especialmente en Santa Cruz, y termina afirmándose en Mar del Plata», algo muy visible en la pesquería de calamar por su peso en el total desembarcado.

De esta forma, la evolución de los desembarques en el arranque de 2026 «expone un corrimiento en la dinámica operativa de la flota y en el rol que cumplen los distintos puertos del país».

El inicio habitual y el impacto del fin de la zafra de langostino

El comienzo del año respetó el esquema tradicional. Con la temporada de calamar en sus primeras semanas, los puertos patagónicos concentraron la mayor parte de las descargas por «la cercanía a las áreas de pesca». Puerto Madryn superó las 37 mil toneladas en febrero y Puerto Deseado las 21 mil, en línea con el despliegue de la flota potera.

Rawson, por su parte, ratificó la preponderancia del langostino en su estructura productiva: enero cerró con más de 27 mil toneladas descargas, volumen que «no responde a una diversificación de especies sino a la intensidad de una pesquería puntual».

Sin embargo, esta foto inicial cambió rápidamente con el correr de las semanas. El fin de la temporada de langostino impactó de lleno en la actividad de los puertos del sur. Rawson es el ejemplo más claro: de más de 27 mil toneladas en enero pasó a menos de 5 mil en marzo, una caída que refleja tanto el fin de la zafra como «la dependencia estructural de un solo recurso».

En Puerto Deseado, tras un febrero sostenido con más de 21 mil toneladas, el volumen cayó a menos de 10 mil en marzo. Aunque el calamar aporta movimiento, «ya no logra compensar la menor actividad general como consecuencia de la distancia a la zona de esfuerzos pesqueros, y la tendencia descendente comienza a consolidarse».

Este escenario, aunque no nuevo, se vuelve más evidente y expone un problema de fondo: «la falta de equilibrio en la matriz productiva y las distancias operativas desde la zona de pesca a algunos puertos».

El repunte sostenido de Mar del Plata

En paralelo a la caída en el sur, Mar del Plata gana peso relativo de forma sostenida. Los desembarques pasaron de poco más de 17 mil toneladas en enero a más de 43 mil en marzo, un crecimiento que no es casual.

A medida que avanza la temporada de calamar y la flota ajusta su logística, la operatoria tiende a concentrarse en el principal puerto pesquero del país, «donde confluyen infraestructura, servicios y capacidad de procesamiento». El dato relevante no reside solo en el aumento del volumen, sino en el momento en que se verifica: «ocurre cuando el sur empieza a perder intensidad».

Al mismo tiempo, las descargas evidencian un mayor esfuerzo pesquero sobre el calamar y la merluza. Esta temporada, una decena de buques congeladores marplatenses que solía permanecer amarrada hasta la zafra nacional de langostino «salió anticipadamente a operar, impulsada por la demanda y la rentabilidad que hoy ofrece esa pesquería».

Más allá de los picos estacionales, se observa un reordenamiento profundo. El calamar sigue siendo el motor de la actividad a inicio de año, pero su dinámica ya no se traduce de la misma forma en todos los puertos, resultando en «un mapa portuario en transición».

No se trata de un fenómeno puntual, sino de una señal que, de sostenerse, redefinirá el equilibrio entre puertos con consecuencias en tierra. En un contexto donde los precios del combustible y el consumo de cada unidad pesquera hacen que «se midan distancias operativas casi milimétricamente», este corrimiento logístico cobra mayor peso.