La parálisis en el proceso de renovación de la flota pesquera ha golpeado de lleno el corazón de la industria naval de Mar del Plata. Lo que antes era un ritmo frenético de construcción y reparaciones, hoy es un escenario de incertidumbre donde «cuando no hay rentabilidad nada funciona».
Un informe reciente de la Cámara de la Industria Naval local revela datos alarmantes: el 44% de las empresas encuestadas confirmó una reducción en su dotación de personal. Si bien no se habla de despidos masivos, la crisis se manifiesta en una «atención por goteo»: la alta rotación habitual del sector ya no se cubre y los puestos vacantes quedan desiertos. «Esos puestos que se fueron no se reemplazaron», explican desde el sector.
Menos barcos, menos ingresos
El testimonio de los protagonistas es elocuente. Domingo Contessi graficó la caída: de seis barcos en construcción el año pasado, hoy solo quedan tres. Esta retracción no solo afecta a los grandes astilleros, sino que arrastra a toda la cadena de proveedores de servicios.
La crisis no solo se mide en hombres, sino en el bolsillo de quienes resisten. Los salarios han perdido su «oxígeno»: ya no existen las horas extras ni los premios por productividad. Esta realidad ha empujado a muchos obreros especializados a buscar ingresos alternativos, oficiando de choferes en plataformas de movilidad urbana al terminar su jornada en el taller.
Mantenimiento al límite
Desde el gremio de conductores navales (SICONARA), Daniel Flores advierte que los armadores están «achicando costos en el mantenimiento de la flota». El resultado es visible en el muelle Deyacobbi: más de una docena de buques parados por roturas que tardan en repararse, lo que a su vez engrosa la lista de oficiales de máquinas esperando para poder embarcar.
Paritarias en un callejón sin salida
En este contexto de asfixia, el sector inicia negociaciones con el SAON. El gremio reclama una recomposición por el desfasaje inflacionario del trimestre diciembre-febrero más un incremento para marzo. Sin embargo, la patronal advierte sobre un escenario de «pinzas»: mientras los salarios no alcanzan para cubrir la canasta básica, el atraso cambiario pone el costo de la mano de obra en «máximos históricos».
Con el precio del combustible en alza y la rentabilidad pesquera en rojo, la industria naval marplatense asiste a una audiencia clave en el Ministerio de Trabajo, buscando un equilibrio que hoy parece imposible de hallar.