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El bautismo de la memoria: Por qué el nuevo potero de Conarpesa llevará el nombre “Puerto Madryn 1995”

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​La flamante incorporación del buque «Ocean Venture» —que se rebautizará «Puerto Madryn 1995» y procesará parte de su captura en Caleta Olivia— encierra mucho más que una inversión de gran porte: simboliza el desembarco, la lealtad familiar y más de tres décadas de arraigo y trabajo de Fernando Álvarez Castellano en la Patagonia.

​En la industria pesquera argentina los nombres de los buques rara vez son fruto del azar. A veces responden a tradiciones marineras, otras a homenajes filiales. Pero cuando el presidente de Conarpesa, Fernando Álvarez Castellano, decidió bautizar a su última adquisición como «Puerto Madryn 1995», selló en el casco de acero una declaración de vida, gratitud y memoria.

La incorporación del potero Ocean Venture —una unidad con capacidad para congelar 120 toneladas diarias de calamar y el compromiso operativo de procesar el 20% de sus capturas en tierra en Caleta Olivia— marca un nuevo hito productivo para la región.

Sin embargo, detrás de la magnitud operativa late una historia profundamente humana que comenzó exactamente hace 31 años.

​Un boleto por una semana que se transformó en una vida

​Era el 13 de julio de 1995. Por entonces, el destino de un joven Fernando Álvarez Castellano apuntaba al norte: tenía las valijas listas para radicarse en Los Ángeles, Estados Unidos, vinculado a la firma Pacific American Fish Company (PAFCO) y al comercio de calamar californiano. No trabajaba en los negocios de su padre ni figuraba en sus planes quedarse en el sur del continente.

​Pero un llamado familiar torció el rumbo. En Argentina, su padre enfrentaba uno de los momentos más oscuros y dolorosos de su trayectoria: abatido, en soledad y lidiando con maniobras desleales de socios directivos que derivaron en un prolongado conflicto societario y judicial. Ante la adversidad paterna, Fernando decidió viajar a Puerto Madryn por solo siete días para acompañarlo, contenerlo y entender qué ocurría.

​Aquella semana inicial se convirtió en dos, luego en meses y finalmente en un arraigo indestructible: pasaron más de tres décadas desde que pisó suelo madrynense por primera vez.

​«Así como le puse al tangonero nuevo el nombre de ‘Don Juan Álvarez’ en honor a mi padre, a este potero quise ponerle ‘Puerto Madryn 1995’. Es la ciudad a la que llegué, el año en que vine a estar al lado de él. Es una historia muy personal, sentimental y familiar», sintetiza el propio empresario.

​Respeto a los tiempos de la Justicia y paz empresarial

​A lo largo de estos 31 años, el litigio originado en aquellos años noventa continuó su curso en los tribunales. Pese a las pruebas reunidas, Álvarez Castellano es enfático y categórico en mantener una postura de estricta cautela procesal y madurez dirigencial:

​«Prefiero en esta instancia no dar nombres de personas ni de empresas, sino esperar a que la Justicia falle. Cuando la Justicia determine si a mi padre lo estafaron o no, hablaré abiertamente con nombres y apellidos.

Mientras tanto, me someto a lo que dictaminen los jueces. No soy yo el poseedor de la verdad ni soy juez. Hoy priorizo trabajar tranquilo y mantener la paz empresarial con los colegas», remarca, trazando una clara línea entre la firmeza de sus reclamos judiciales y el cuidado de la convivencia en la actividad.

​Compromiso con la soberanía, la ley y el trabajo patagónico

​Tres décadas en el centro de la escena productiva no han estado exentas de controversias y acusaciones infundadas, especialmente aquellas que intentaron vincularlo malintencionadamente con operaciones ligadas a Malvinas. Frente a estas operaciones de prensa y cuestionamientos provenientes de sectores gremiales o exfuncionarios, el titular de Conarpesa es tajante:

​«Firmo todos los años la declaración jurada sobre Malvinas y sé perfectamente lo que firmo. No voy a dar un paso en falso después de 31 años acá ni tener ningún interés que comprometa mi situación en el país. En más de tres décadas he demostrado que sé lo que hago, trabajando siempre dentro de la ley, le guste a quien le guste».

El presidente de Conarpesa, Fernando Álvarez Castellano, negó cualquier vinculación societaria, comercial u operativa con autoridades británicas en las Islas Malvinas y aseguró que la empresa no participa de actividades desarrolladas bajo licencias otorgadas por esas autoridades.

En virtud de la denuncia presentada ante la Justicia Federal contra diversas compañías pesqueras internacionales y sus sociedades mixtas asociadas que explotan recursos vivos marinos en el mar argentino, utilizando autorizaciones emitidas por las autoridades británicas que ocupan las Islas Malvinas, el titular de la empresa, Fernando Álvarez Castellano señaló que “llevo 31 años en Argentina y nunca tuve ninguna vinculación societaria, comercial, operativa ni de cualquier otra naturaleza con el gobierno del Reino Unido en lo referido a las Islas Malvinas”.

El empresario agregó que “no participamos ni directa ni indirectamente de actividades desarrolladas bajo licencias, permisos o autorizaciones otorgadas por las autoridades británicas de las Islas y no formamos parte de ningún esquema empresario que opere en Malvinas”.

Luego de ratificar que la actividad pesquera de su compañía se realiza dentro del marco de las leyes y autoridades argentinas, recordó que “tuvimos un barco al que le pusimos Capitán Giachino en honor al héroe de Malvinas” y añadió que “cuando tenía 20 años mi padre me enviaba a comprar miles de toneladas de calamar a California y competíamos, entre otros, con el calamar de Malvinas”.

Álvarez Castellano enfatizó que “nuestra bandera es la Argentina, nuestra actividad se desarrolla en este país y nuestra posición respecto a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no admite ambigüedades, es una cuestión que respetamos y defendemos a ultranza”,

​De Madryn a Santa Cruz: trabajo real en el muelle

​Más allá de los balances y las millas navegadas, la huella de Álvarez Castellano en la región se mide en los miles de puestos de trabajo directos e indirectos que Conarpesa sostiene en los puertos de Chubut y Santa Cruz. En una industria donde no sobran las apuestas a largo plazo, la llegada del «Puerto Madryn 1995» reafirma esa vocación de permanencia: con la descarga y procesamiento del 20% de su producción en Caleta Olivia, la firma apuntala el valor agregado en tierra y el empleo local.

​El barco que llevará inscripto en su popa la fecha de aquel julio de 1995 navegará las aguas del Atlántico Sur como testimonio de una promesa implícita: la de un hijo que vino por una semana a cuidar a su padre y terminó echando raíces definitivas, convirtiendo la adversidad de aquellos años en trabajo, flota y futuro para la Patagonia.