El Éxodo del «Oro Naranja»: Álvarez Castellano bajo la lupa por vaciar las plantas de Chubut
Mientras el titular de Conarpesa celebra las ventajas impositivas en Paraguay, miles de familias en Chubut ven amenazado su sustento.
La materia prima argentina se exporta para generar empleo… pero lejos de casa.
La traición del flete y la conveniencia
Lo que para el empresario Fernando «El Gallego» Álvarez Castellano es un «movimiento estratégico de eficiencia logística», para los trabajadores del sector pesquero en Chubut es un golpe directo al corazón de la industria local.
La noticia de que Conarpesa —gigante de la extracción de langostino— está derivando parte de su cadena manufacturera a Paraguay ha encendido las alarmas en los puertos de Madryn y Rawson.
El argumento del empresario «gallego» es simple: en Paraguay los costos son menores y la carga impositiva es una fracción de la argentina.
Sin embargo, lo que omite en su narrativa de rentabilidad es el costo social. El langostino, un recurso soberano de las aguas argentinas, está dejando de ser el motor de las plantas procesadoras locales para alimentar una estructura de valor agregado en el extranjero.
¿Hacia dónde se va el trabajo?
La ecuación es dolorosa para el obrero de la pesca. Mientras las plantas en Chubut sufren temporadas de incertidumbre y parates productivos, el esquema propuesto por Álvarez Castellano busca: Exportar materia prima con escaso procesamiento: Evitando las manufacturas complejas que requieren mano de obra intensiva local.
Aprovechar el «Régimen de Maquila» paraguayo: Donde la mano de obra es más barata y los derechos laborales son, a menudo, más flexibles.
Triangulación de beneficios: Las divisas y el valor agregado se quedan fuera de la provincia que pone el recurso natural.
»No se puede permitir que se lleven el pescado en cajones para procesarlo afuera mientras nuestra gente mira los barcos pasar desde el muelle», comentan voces desde los gremios del sector, que ven en este movimiento un antecedente peligroso para la soberanía industrial.
Un modelo de «pesca extractiva» sin rostro humano
La figura de Álvarez Castellano ha sido históricamente polémica, pero este giro hacia Paraguay marca un punto de no retorno. Se lo acusa de priorizar la maximización de utilidades por sobre el compromiso social con la región que le permitió construir su imperio.
¿Qué queda para Chubut?
Puertos que solo funcionan como estaciones de paso.
Pérdida de miles de puestos de trabajo en el desvenado, pelado y empaque.
Una economía regional debilitada que ve cómo el «oro naranja» se desvanece en la hidrovía.
El silencio que aturde
Mientras los despachos en Paraguay se frotan las manos con la llegada de la manufactura argentina, en el sur queda el sabor amargo de la deslocalización.
La pregunta es si se permitirá que el recurso pesquero sea simplemente una mercancía de salida rápida, o si se exigirá que, si el pescado es de Chubut, el trabajo también lo sea.
El «jugador» que cambió de selección
La imagen de Álvarez Castellano posando frente a las cajas de langostino hoy tiene un sabor amargo para los trabajadores de Chubut. Mientras en las ferias internacionales se exhibe el producto como un orgullo argentino, en la práctica, el empresario parece haber decidido colgarse la camiseta de Paraguay.
Para el sector pesquero local, este no es un simple movimiento de mercado; es una «falta» gravísima en el último minuto. Conarpesa, que creció y se consolidó gracias a las licitaciones y los recursos naturales de la Patagonia, hoy elige tributar y generar empleo en tierras guaraníes.
»Mientras él celebra la rentabilidad en Asunción, en Madryn y Rawson el partido se está perdiendo por goleada: el marcador dice ganancias para unos pocos, desocupación para miles.»
El «Gallego» ya hizo su elección. Ahora queda ver si el Estado permitirá que juegue para el equipo de afuera con los recursos que pertenecen a todos los argentinos.