Langostino Pesca

El Éxodo del “Oro Naranja”: Paraguay se convierte en potencia procesadora con langostinos argentinos mientras Chubut pierde miles de empleos

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En el comercio global actual, el éxito industrial ya no pertenece necesariamente al país que posee el recurso natural en sus aguas, sino a aquel que ofrece el ecosistema económico más competitivo para transformarlo. El caso del langostino del Atlántico Sur se ha convertido en el ejemplo más brutal de esta premisa: Paraguay, un país sin salida al mar, está exportando el cotizado «oro naranja» procesado con valor agregado al mundo, mientras la Patagonia argentina observa con impotencia cómo sus puertos y plantas quedan relegados a meras estaciones extractivas.

El epicentro de este fenómeno se encuentra en Hohenau, Paraguay. Allí, el grupo inversor español South Atlantic desembolsó 35 millones de dólares para montar una planta modelo que procesa entre 24 y 25 toneladas diarias de marisco. Paralelamente, gigantes de la pesca local como Conarpesa, liderada por el polémico empresario Fernando «El Gallego» Álvarez Castellano, han decidido reestructurar su cadena logística derivando la manufactura hacia tierras guaraníes.

​El flujo operativo resulta tan inédito como alarmante para la soberanía industrial argentina: los barcos capturan el langostino en el Mar Argentino, el recurso desembarca en puertos patagónicos y, en lugar de ingresar a las plantas de fileteado, pelado y desvenado locales, se carga en camiones refrigerados. Tras cruzar la frontera, el producto se procesa en Paraguay bajo el ventajoso Régimen de Maquila y se exporta a Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea con la etiqueta «Made in Mercosur».

​El duro contraste de las realidades económicas

​La decisión de mudar las fábricas no responde a un capricho geográfico, sino a un frío análisis de costos y asimetrías impositivas que, según los empresarios, convierte la operación en una cuestión de «supervivencia»:

​Costos energéticos: Mientras que en Argentina las plantas pesqueras afrontan tarifas que superan los USD 100 por MWh, en Paraguay la abundante energía hidroeléctrica promedia los USD 41 por MWh.

​Presión impositiva: Frente al 35% del impuesto a las ganancias sumado a las retenciones a la exportación vigentes en Argentina, Paraguay ofrece un régimen tributario único que ronda el 1%.

​Costos y flexibilización laboral: El salario y las cargas sociales en la Patagonia promedian los USD 1.200 mensuales con un 35% de sobrecostos laborales. En Paraguay, la estructura de costos ronda los USD 700 mensuales más un 16,5% de cargas, sumado a un marco mucho más flexible.

​Conflictividad sindical: La industria pesquera en Chubut arrastra años de parálisis patronales y bloqueos de plantas en plena temporada alta por parte de gremios como el SOMU (marineros) y el STIA (alimentación). En contraposición, el modelo paraguayo garantiza previsibilidad operativa y «cero paros».

​La alarma en Chubut: «Un vaciamiento social e industrial»

​La contracara de los festejos de rentabilidad empresarial se vive con profunda preocupación y amargura en las ciudades portuarias de Puerto Madryn y Rawson. Una reciente investigación publicada por el portal especializado Pesca Chubut encendió las alarmas de la comunidad al calificar los movimientos de Álvarez Castellano como una «traición del flete» y un «vaciamiento de las plantas locales».

​Desde los sectores gremiales y sociales de la provincia advierten que este modelo de «pesca extractiva sin rostro humano» deja consecuencias devastadoras para la economía regional:

​Destrucción de empleo formal: La planta paraguaya de Hohenau genera de manera directa más de 600 empleos estables. En Chubut, el envío de materia prima cruda y en cajones destruye miles de puestos potenciales en las tareas de desvenado, pelado y empaque.

Pérdida de valor agregado: Argentina se limita a exportar un bloque de marisco crudo de bajo valor, perdiendo las divisas de la industrialización final, las cuales quedan depositadas fuera de la provincia que provee el recurso natural.

​Dependencia de la estacionalidad: Los puertos patagónicos corren el riesgo de convertirse únicamente en zonas de paso temporal, dejando a miles de familias en la incertidumbre absoluta una vez que las flotas terminan la zafra.

​»No se puede permitir que se lleven el pescado en cajones para procesarlo afuera mientras nuestra gente mira los barcos pasar desde el muelle», manifestaron fuentes sindicales a Pesca Chubut, acusando a la patronal de haber construido su imperio al amparo de los recursos públicos provinciales para terminar «colgándose la camiseta de Paraguay» a la hora de tributar y dar trabajo.

​Ganancias versus recursos

​El escenario plantea un debate urgente sobre la política industrial y pesquera argentina. Con más de 5.000 kilómetros de costa, el país pierde la batalla de la manufactura contra un competidor mediterráneo debido a su propio laberinto macroeconómico.

​Mientras el Estado argentino ahoga los márgenes de ganancia con regulaciones e impuestos elevados y los conflictos gremiales paralizan la producción, Paraguay aprovecha su estabilidad para capturar el mayor valor económico del mar patagónico. En el tablero del comercio internacional contemporáneo, el recurso natural ya no garantiza la riqueza; el verdadero ganador es quien ostenta el sistema más eficiente para transformarlo.