La fisonomía lumínica del Atlántico Sur está cambiando drásticamente. Lo que durante meses fue una «ciudad flotante» en el límite de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA) se está apagando. La estrepitosa caída en las capturas del calamar Illex argentinus no solo ha dado por finalizada la campaña nacional, sino que ha forzado una retirada masiva de los buques extranjeros que operan en las aguas internacionales adyacentes.
Menos recurso, menos barcos: El fin de la rentabilidad
Las capturas en la denominada «Milla 201» han sufrido un retroceso que las imágenes satelitales confirman día tras día. La densidad del recurso ha caído a niveles tan bajos que la operatividad de los buques poteros extranjeros ha dejado de ser rentable. Este fenómeno guarda una correlación directa con lo vivido dentro de la jurisdicción argentina: un agotamiento prematuro de los stocks comerciales previstos para este 2026.
A diferencia de otros años, la concentración biológica del Illex se ha dispersado o capturado casi en su totalidad, lo que ha provocado que el característico «anillo de luces» en el borde de la plataforma continental comience a desvanecerse.
El contraste con el Calamar Loligo
Mientras el Illex desaparece de la escena, el panorama es radicalmente opuesto para otra especie clave: el calamar Loligo. Según reportes del sector, las capturas en las zonas de influencia de las Islas Malvinas han mostrado una vitalidad sorprendente.
- Al cierre de abril, ya se han superado las 38,000 toneladas, batiendo los registros de la temporada anterior.
- La biomasa del Loligo parece gozar de mejor salud, aunque los analistas mantienen la cautela esperando la segunda campaña anual, donde suele aparecer el ejemplar de mayor valor comercial.
Dato Clave: Tal como detalla una reciente cobertura del portal especializado Pescare, el desplazamiento de la flota hacia el Pacífico —atravesando el Estrecho de Magallanes— o de regreso hacia el sudeste asiático vía Sudáfrica, marca el cierre logístico de una temporada marcada por la escasez del Illex.
Implicancias estratégicas y soberanía biológica
Este repliegue de la flota internacional no es solo un dato estadístico; es una lección sobre la dinámica transzonal de la especie. El calamar no entiende de límites cartográficos, lo que refuerza la necesidad de una gestión que trascienda las 200 millas.
Bajo el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), se establece que los Estados ribereños tienen un interés legítimo en la conservación de los recursos que migran desde sus aguas hacia la alta mar. Aunque en la milla 201 no existan derechos soberanos plenos, Argentina mantiene un título claro para exigir mecanismos de cooperación y medidas de manejo que garanticen la sostenibilidad de un ecosistema que es, en esencia, compartido.
Rutas de salida: ¿A dónde van los buques?
La mayoría de las unidades que abandonan el área se dividen en dos rutas principales:
- Ruta del Pacífico: Cruce por el Cabo de Hornos hacia las costas de Perú y Galápagos para iniciar nuevas fases operativas.
- Ruta del Índico: Regreso a puertos de origen cruzando el Atlántico Sur hacia Sudáfrica para reparaciones y reabastecimiento.
Este éxodo confirma que, cuando la biología falla, la estrategia económica de las flotas globales se traslada rápidamente, dejando atrás un Atlántico Sur con menos luces, pero con desafíos jurídicos y biológicos más vigentes que nunca.