La operatividad de la flota fresquera de altura en Mar del Plata atraviesa uno de sus momentos más críticos. Lo que antes se gestionaba con una administración minuciosa y el alivio temporal de las campañas de langostino, hoy se ha transformado en un escenario de quebranto económico. El incremento sostenido en el precio del gasoil se ha convertido en el factor desencadenante que amenaza con paralizar una cadena productiva vital para la región.
Un costo operativo que asfixia la rentabilidad
Para los armadores locales, el combustible ha dejado de ser un insumo básico para transformarse en el principal obstáculo logístico. El Dr. Diego García Luchetti, presidente de la Cámara de Armadores de Buques Pesqueros de Altura (CAABPA), advirtió que la suba del gasoil ha empujado a gran parte del sector hacia una zona de inviabilidad financiera.
Actualmente, el costo de la energía no solo encarece la navegación, sino que impacta en toda la logística:
- Captura y conservación en bodega.
- Descarga y logística de transporte.
- Procesamiento industrial y cadena de frío.
«No se trata de discutir una rentabilidad extraordinaria; el objetivo hoy es, simplemente, garantizar la continuidad de la actividad», señalan desde el sector.
El impacto social y económico en Mar del Plata
La pesca fresquera no funciona como un compartimento estanco. Su parálisis tiene un efecto dominó que alcanza a las plantas de procesamiento, empresas de estiba, talleres navales y al comercio minorista de la ciudad. La imposibilidad de trasladar estos costos al precio final del pescado —condicionado por el mercado interno y el tipo de cambio— genera un cuello de botella donde el eslabón más débil es el trabajo en tierra.
En recientes declaraciones recogidas por el portal especializado Pescare, se destacó que la falta de respuestas oficiales contrasta con las políticas implementadas en potencias pesqueras como España o Portugal, donde existen mecanismos de alivio fiscal o compensaciones ante crisis energéticas para proteger la soberanía alimentaria y el empleo.
Factores que agravan la situación estructural
Además del gasoil, la flota enfrenta una tormenta perfecta de variables negativas:
- Cargas fiscales elevadas: Una presión tributaria que no cede ante la caída de márgenes.
- Insumos dolarizados: Repuestos y mantenimiento naval ligados a la cotización de divisas.
- Atraso en precios: El valor de venta de las capturas frescas no acompaña el ritmo de la inflación de costos locales.
Medidas urgentes para evitar el «amarradero»
Desde CAABPA hacen un llamado urgente a las autoridades nacionales, provinciales y municipales. La solicitud no se basa en privilegios, sino en la creación de mecanismos transitorios de alivio fiscal o esquemas de devolución de tributos aplicados al combustible productivo.
La advertencia es clara: sin un gasoil a precio competitivo, las mareas se acortan, los buques permanecen amarrados y la industria pesquera de Mar del Plata —el corazón económico del puerto— corre el riesgo de entrar en un proceso de deterioro irreversible. La previsibilidad es, hoy más que nunca, la única herramienta para sostener los puestos de trabajo y la producción nacional.