MAR DEL PLATA (BUENOS AIRES). La geopolítica del Atlántico Sudoccidental vuelve a encender luces de alerta sobre la sustentabilidad de los recursos pesqueros en alta mar. En este sentido, la disputa de soberanía por las Islas Malvinas entre la Argentina y el Reino Unido consolida un vacío regulatorio que incentiva la presencia masiva de flotas de gran escala. De esta manera, especialistas y cámaras empresarias advierten que la falta de un organismo multinacional de manejo pesquero facilita la sobreexplotación de especies clave como el calamar y la merluza.
Por un lado, según registros de Global Fishing Watch, las horas de arrastre de unos 500 buques se duplicaron en la última década sobre la franja externa a la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina. Por otro lado, la mitad de los 554 barcos detectados en la zona corresponden a pabellón chino, habiendo duplicado sus días de actividad efectiva hasta septiembre de 2026. Asimismo, la FAO reporta que apenas el 55,2% de los stocks regionales se explotan bajo niveles biológicamente sostenibles.
Vacío de gobernanza, impacto biológico y reclamos sectoriales
De esta forma, la ausencia de acuerdos bilaterales estables —agravada por el estancamiento de las conversaciones y el avance petrolero en el área de Sea Lion— deja a la pesquería sin una Organización Regional de Ordenación Pesquera (OROP). Además, referentes de la industria malvinense como John Barton y Janet Robertson alertaron sobre el riesgo inminente de colapso en los caladeros.
En este aspecto, los ejes críticos del conflicto pesquero en el Atlántico Sur comprenden:
- Presión de flotas extranjeras: Operación intensiva de buques de larga distancia procedentes de China, España, Taiwán y Corea del Sur.
- Indicadores FAO: Descenso al 55,2% en los stocks pesqueros explotados de manera sostenible en la región durante los últimos ciclos.
- Control en la frontera: Aplicación de multas severas por parte de la Prefectura y el Estado argentino en el borde de la ZEE (sanciones de hasta 3,5 millones de dólares).
- Bloqueo diplomático: Inexistencia de un marco de cooperación bilateral debido a la persistente disputa de soberanía territorial.
Sostenibilidad económica, empleo regional y futuro del caladero
Por lo tanto, la vulnerabilidad del ecosistema marino amenaza una actividad que sostiene cerca de 900.000 puestos de trabajo en la región y representa dos tercios del producto bruto de las islas. La falta de gobernanza compartida debilita los incentivos a la conservación a largo plazo.
En conclusión, la rivalidad geopolítica profundiza una brecha operativa que impacta directamente sobre la riqueza biológica del Atlántico Sudoccidental. De este modo, la comunidad científica y el sector industrial reclaman consensos urgentes para evitar el agotamiento de recursos estratégicos.